El Nimbo: corona de luz universal, lenguaje de la espiritualidad.
A lo largo de la historia de la humanidad, diferentes culturas han representado la santidad, el poder divino y la trascendencia espiritual a través de símbolos luminosos que rodean la cabeza o el cuerpo de dioses, santos y personajes sagrados. Dos de estos símbolos el Nimbo y el Aura aparecen en tradiciones tan diversas como la cristiana, la budista, la egipcia y la hindú, revelando una conexión universal entre dichas tradiciones PUEDES ESCUCHAR ESTE ESCRITO EN AUDIO
El Nimbo (del latín Nimbus) es la aureola que tradicionalmente rodea la cabeza de Cristo y de los santos en la iconografía cristiana. Sin embargo, su origen es mucho más antiguo, como señala Helena Petrovna Blavatsky, proviene de tradiciones orientales.
En el budismo, por ejemplo, Buddha es representado con una aureola de seis codos de extensión, y lo mismo ocurre con sus discípulos más destacados, según lo documenta Hardy en Monachismo Oriental. En China, el Tíbet y Japón, los santos y figuras sagradas aparecen también con la cabeza rodeada de un nimbo, confirmando su carácter universal (Blavatsky, Glosario Teosófico).
- Blavatsky explica que el nimbo no es exclusivo de Asia:
En Grecia, fue adoptado por Apolo.
En la India, en las grutas de Ellora, aún puede verse a Indranî con el niño Dios–Sol rodeados de un halo de luz.En templos antiguos, incluso Krishna y su madre Devakî son representados con aureolas idénticas a las que luego aparecerán en las pinturas cristianas de la Virgen y el Niño.
En el arte cristiano, el nimbo se convirtió en símbolo de santidad y realeza. Se le representaba en diferentes colores, aunque el nimbo dorado era el más importante, reservado para los santos y emperadores, ya que simbolizaba mejor la luz divina y la gloria eterna. Incluso emperadores como Trajano, Antonino Pío, Constantino y Justiniano aparecen en monedas y medallas rodeados de este resplandor.
“El nimbo o halo es el nombre que se da al disco o aura parcial que emana de la cabeza de una divinidad o de un santo... En la iconografía cristiana, el nimbo, a manera de reflejo de la gloria celeste, es atributo de santidad” (Glosario Teosófico).
El Aura: energía invisible y vibrante
Por otro lado, Blavatsky define el Aura como una esencia sutil e
invisible que emana de los cuerpos humanos, animales e incluso de los
objetos. Según la Teosofía, este campo energético es un efluvio psíquico
que conecta tanto con el cuerpo como con la mente.
El aura es, al mismo tiempo:
Electrovital, ligada a la fuerza vital del organismo.
Electromental o âkâzica, relacionada con la actividad de la
mente y el espíritu. De esta forma, el aura se concibe como una especie
de atmósfera personal que refleja el estado físico, emocional y
espiritual de cada ser.
En muchas culturas, este concepto está presente: desde el resplandor de los santos hasta los campos energéticos descritos en prácticas místicas orientales. Hoy en día, la idea del aura sigue siendo investigada y reinterpretada en ámbitos como la espiritualidad, la psicología y hasta la medicina alternativa. Un lenguaje de luz compartido
Tanto el Nimbo como el Aura son expresiones simbólicas de una verdad profunda: la convicción de que lo divino y lo sagrado se manifiestan a través de la luz. Este lenguaje, que aparece en tradiciones tan alejadas entre sí, sugiere que la humanidad comparte una percepción común de lo trascendente, representada en la luz que irradia el espíritu.
Como recuerda Blavatsky, estos símbolos no son exclusivos de una religión o cultura, sino manifestaciones universales del anhelo humano por expresar lo invisible, lo eterno y lo sagrado.
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